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ME DIVORCIE Y PERDI TODOS MIS BIENES

Algunos matrimonios en crisis, terminan en tormentas judiciales por divorcio y partición de bienes, hasta que alguno de los miembros de la pareja queda como decimos en criollo, “en la calle”; todo en virtud del empeño de uno de los cónyuges en dejar al otro sin nada, menoscabando sus derechos personales dentro de la masa patrimonial habida dentro del matrimonio. Es importante destacar, que dentro del matrimonio, cuando no ha habido separación de bienes mediante lo que llamamos en derecho Capitulaciones Matrimoniales, corresponden de por mitad a cada cónyuge, los bienes adquiridos durante el matrimonio aunque los mismos se adquieran a nombre de uno sólo de ellos. Todavía existe gente que cree que porque el carro, la casa, el apartamento o la lancha, lo compró el marido con su dinero o lo compró la esposa con dinero particular, el bien adquirido no se comparte a la hora de un posible divorcio; y en tal virtud, en el momento de la acción legal por divorcio, el adquirente de esos bienes procura, “a como de lugar”, que todos esos bienes le sean adjudicados en su totalidad, dejando al otro cónyuge sin derecho a su cuota parte en la partición de esa masa patrimonial.

Para que un bien determinado sea de cada cónyuge, debe regir dentro de su matrimonio, el régimen de separación de bienes mediante Capitulaciones Matrimoniales; o en su defecto, hacer mención expresa, en el propio documento de adquisición del bien, que el mismo está siendo adquirido por ese cónyuge con dinero de su propio peculio o patrimonio personal, producto de la venta, enajenación o gravamen de cualquier bien también propio, adquirido antes de la celebración del matrimonio. En otras palabras; supongamos que uno de los dos comprará un nuevo apartamento y el dinero para pagarlo provendrá de la venta que se hará del antiguo apartamento de soltero o soltera; debe necesariamente en este caso, hacerse constar esta circunstancia en el propio cuerpo del documento de compraventa del nuevo apartamento, es decir, debe hacerse la mención expresa de ese hecho y debe obligatoriamente ser firmado ese documento por el otro cónyuge, quien no tendrá en el futuro derechos sobre ese nuevo apartamento.

Ahora bien, pudiera ocurrir que el dinero producto de la venta del viejo apartamento de soltero(a) no alcance para cubrir el pago del nuevo inmueble; teniendo entonces que complementarse ese precio con dinero de la comunidad conyugal; teniendo en este caso el otro cónyuge, derechos patrimoniales de por mitad, pero sólo respecto a la cantidad aportada por la comunidad, es decir por los dos. Si la mitad del apartamento nuevo se pago con dinero propio de uno de los cónyuges, y la otra con dinero de los dos, al apartamento será propiedad de uno de los cónyuges en un setenta y cinco por ciento (75%) y el resto para el otro miembro de la pareja; de manera que debemos estar pendientes con todas estas fórmulas y analizar bien qué tipo de transacción se celebra, qué bien se esta comprando y con qué dinero, de manera de evitar así posibles y millonarias pérdidas a la hora del divorcio. Es importante recordar, que dentro del matrimonio aún sin hijos, existen tres (3) tipos de patrimonios; el de uno; el del otro y el de los dos, de manera que cuando no queremos que esos patrimonios se confundan o fusionen, debemos dictar, con antelación a la celebración del matrimonio, las reglas del juego respecto al régimen, administración y control de los bienes que conforman tales patrimonios.

En caso que existan hijos, es un patrimonio más que se agrega a la lista, cuyo tratamiento daremos en otro capítulo; pero en el mismo orden anterior, mis bienes propios y los de mi esposa, serán los adquiridos por cada uno de nosotros antes del matrimonio o después de éste siempre y cuando los adquiramos por donación, herencia, legado o por cualquier titulo lucrativo. También, los adquiridos después del matrimonio, aún sin haber celebrado Capitulaciones Matrimoniales, mediante la permuta con otros bienes propios; los dados en pago a cualquiera de los dos por obligaciones provenientes de bienes propios; el dinero o los bienes producto de indemnizaciones por accidentes o seguros de vida, de daños personales o de enfermedades, excepto el monto que costó la prima del seguro que haya sido pagada con dinero de la comunidad conyugal; entre otros.

El resto de los bienes adquiridos durante el matrimonio serán de ambos, a menos que, como dijimos anteriormente, se haya celebrado Capitulaciones Matrimoniales; pero siendo el régimen escogido por los cónyuges, el de la comunidad de bienes, que es el que rige en Venezuela, se necesitará el consentimiento del otro cónyuge, para disponer, enajenar o de cualquier forma gravar cualquier bien que pertenezca a esa comunidad. De acuerdo a esto y conociendo todo lo anterior, será muy difícil que nos dejen en la calle a la hora que peleemos nuestros derechos en un posible juicio de divorcio. Y recordemos…antes de casarnos…debemos pensar en el posible divorcio y en las consecuencias de éste. Saludos!

Por Gilberto Reyes Kinzler

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