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COMPAÑÍA ANÓNIMA ENTRE CÓNYUGES

La gente, muchas veces se pregunta: ¿si estoy casado, para qué me voy a asociar con mi esposa (o) en una compañía mercantil? O ¿Qué sentido tiene tener tal número de acciones en una compañía anónima o en cualquier tipo de sociedad mercantil, en más o en menor cantidad que el número de acciones que tiene mi esposa (o)? La respuesta la tiene nuestra legislación mercantil, al permitir, que entre marido y mujer, pueda existir perfectamente una sociedad mercantil, además de la que pueda existir por efecto del matrimonio, denominada sociedad de gananciales o comunidad conyugal. En este sentido, la sociedad mercantil entre cónyuges subsiste mientras no se utilice la vía mercantil para vulnerar normas legales de orden público, como son las normas del derecho de familia. El sentido que tiene de asociarse con la pareja es quizás, evitar la incursión de terceros en la sociedad, cosa que limitaría un poco la libertad de acción de la pareja en esa sociedad mercantil.

Ahora bien, cuando el régimen legal que priva en esa pareja de casados, es el de la comunidad de bienes, debido a que no se hizo separación de bienes antes de celebrar el matrimonio, esto es, capitulaciones matrimoniales; pierde un poco el sentido de que cada miembro de la pareja tenga un número de acciones distinto, ya que de igual manera, el cincuenta por ciento de uno será propiedad del otro y viceversa. Ahora, si la pareja se administra bajo el régimen de separación de bienes, entonces sí tiene sentido, dado que será de cada uno de ellos, el porcentaje que tengan en el lote accionario de la mencionada sociedad mercantil.

Ahondando un poco más en el tema, hay quienes constituyen una compañía anónima de tipo familiar, es decir, los accionistas son los mismos miembros de la familia; con la intención de librarse a futuro, de posibles cargas impositivas o tributarias, en caso de muerte de algún miembro de esa familia, evitando efectuar declaraciones sucesorales respecto a bienes particulares, limitándose la misma a sólo un pequeño lote de acciones cuyo titular era la persona fallecida, que por supuesto, disminuye enormemente el monto a pagar por concepto de impuesto sobre sucesiones. En otros casos, se constituye la compañía con el ánimo de escapar de las normas de control sobre la administración de los bienes que conforman la comunidad conyugal; tal es el caso, de la persona que funge como presidente de la compañía, sea él o ella, con facultades ilimitadas de administración y disposición de los bienes que conforman el capital social de la compañía, que en la mayoría de los casos, ese capital social es el mismo capital que tiene la pareja en su comunidad conyugal.

Por ejemplo: todos los bienes de la pareja son colocados bajo la figura del activo de la compañía conformada por la misma pareja. Luego, se nombra a uno de los dos o a los dos, como directores, administradores, presidente, vicepresidente, entre otros cargos…; nombramiento hecho legalmente por la Asamblea de Accionistas que igualmente la conforman los miembros de esa pareja, con facultad para disponer, con su sóla firma, de los bienes de la compañía, que, repito, son los mismos bienes de la comunidad conyugal. Allí es donde se estaría vulnerando el derecho de familia, dado que, en otras circunstancias y bajo el estricto régimen civil que regula el patrimonio del matrimonio, cualquiera de los cónyuges que quisiera disponer de algún bien propiedad de la comunidad conyugal, tendría forzosamente que contar con la autorización y consentimiento del otro cónyuge para poder efectuar la negociación propuesta; de manera que, la figura de la sociedad mercantil dentro del matrimonio es válida mientras no se violen normas legales de orden público; de lo contrario, toda actuación distinta sería susceptible de nulidad, si se ha realizado en perjuicio del patrimonio conyugal y en el peor de los casos, en perjuicio del patrimonio de niños y adolescentes, producto de la descendencia de esa pareja de accionistas.

Por Gilberto Reyes Kinzler

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